En los últimos años Andalucía ha visto nacer nuevas iniciativas vinculadas al flamenco, el turismo y la cultura. Es una buena noticia. Significa que el flamenco está vivo, genera interés y sigue siendo una herramienta de desarrollo económico y social.

Desde la experiencia al frente del proyecto Foro Flamenco y Turismo, siempre hemos tenido como referencia el trabajo de Turismo Andaluz, cuyo enfoque ha demostrado que es posible construir propuestas sólidas y con proyección internacional. De hecho, el Foro de Flamenco y Cultura que Turismo Andaluz organiza de forma bianual sirvió de inspiración para impulsar el Foro de Flamenco y Turismo en Cádiz, con la intención de innovar y de posicionar el flamenco como recurso turístico estratégico en la provincia.

Sin embargo, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿Estamos construyendo un proyecto común o simplemente multiplicando proyectos independientes?

Cada vez es más habitual que municipios, asociaciones y administraciones impulsen eventos muy similares, dirigidos al mismo público y financiados, en muchos casos, con recursos públicos. El resultado no siempre es una mayor oferta, sino una fragmentación de esfuerzos.

Se repiten ponentes, se duplican estructuras, se compite por los mismos patrocinadores y se divide la atención del sector.

Mientras tanto, el visitante no entiende de fronteras administrativas. Quien viaja desde Japón, Estados Unidos, Francia o Argentina no compra «Jerez», «Cádiz» o «San Fernando» por separado. Compra Andalucía. Compra la provincia de Cádiz. Compra flamenco. Por eso, resulta difícil explicar que existan tantas iniciativas que apenas dialogan entre sí.

No se trata de renunciar a la identidad de cada ciudad. Todo lo contrario.

Jerez tiene un papel imprescindible. Cádiz posee una historia única. San Fernando es inseparable de Camarón. Algeciras representa el legado universal de Paco de Lucía. Chiclana, El Puerto, Puerto Real, La Línea o los pueblos de la Sierra también tienen mucho que aportar.

La riqueza está en la diversidad. Pero, esa diversidad debería traducirse en una estrategia compartida, no en una suma de proyectos aislados.

Además, en un contexto de recortes, resulta aún más necesario optimizar los recursos y evitar duplicidades que resten impacto. Precisamente en ese escenario, las administraciones tienen una responsabilidad que va más allá de conceder subvenciones. Deben favorecer espacios de coordinación, impulsar proyectos que generen sinergias y hacer realidad esa cogobernanza de la que tanto se habla cuando se diseñan políticas públicas. Cuando los recursos son limitados, la colaboración deja de ser una opción para convertirse en una obligación.

Cuando varias administraciones financian actividades similares sin coordinación, el dinero público pierde capacidad de transformación. Se generan muchos eventos pequeños cuando quizá sería posible construir una programación anual sólida que posicione la provincia como destino internacional del flamenco. Quizá el reto no sea financiar más proyectos, sino conseguir que los proyectos se encuentren antes de nacer.

No se trata de gastar menos. Se trata de gastar mejor.

La colaboración permite compartir comunicación, atraer patrocinadores de mayor nivel, coordinar calendarios y ofrecer una experiencia más completa. También, fortalece al tejido empresarial, reduce la dependencia de iniciativas individuales y genera un mayor retorno para cada euro de inversión pública.

El flamenco nació del encuentro, de la mezcla y del intercambio. Sería paradójico que el sector que mejor representa esos valores funcionara mediante compartimentos estancos.

Quizá ha llegado el momento de dar un paso más. Menos protagonismos individuales. Menos proyectos que compiten entre sí. Más alianzas. Más visión de destino. Más cooperación entre administraciones, empresas, artistas y entidades.

Porque, el verdadero éxito no consiste en organizar más eventos. Consiste en conseguir que cada euro invertido genere más oportunidades, más trabajo y una mejor experiencia para quienes nos visitan.

El flamenco no necesita más fronteras. Necesita más puentes.

Y, quizá también necesite una nueva forma de entender las políticas públicas. Una forma en la que el éxito no se mida por el número de eventos que se financian, sino por la capacidad de generar proyectos compartidos, fortalecer el tejido empresarial y construir un destino más competitivo. Porque, el verdadero legado no son los festivales que organizamos, sino las alianzas que somos capaces de crear.

¿Cómo y dónde empezamos la ACCION?